Para poder entender lo que es el síndrome de Estocolmo, primero les recordaremos lo que es un síndrome.

Síndrome: Serie  de síntomas que se presentan en la persona y son  característicos de un cuadro patológico.

El Síndrome de Estocolmo es una afección temporal, un trastorno psicológico que sufre una persona que ha sido secuestrada. Consiste en que el secuestrado se torna  poco a poco comprensivo con sus captores. Hasta el punto de llegar  justificar y aceptar como correcto su secuestro.

Esa relación afectiva que nace entre el rehén  y sus captores, puede generar en una vinculación tan extrema que el secuestrado no quiere que lo liberen.

El nombre de Síndrome de Estocolmo, nace de un hecho ocurrido en Suecia en 1973, cuando Jan-Erik intentó asaltar el Banco de Crédito de Estocolmo,  al verse acorralado tomó a 4 personas como rehenes.

Cuando empezó la negociación, el asaltante solicitó la presencia de un criminal de alto prontuario que cumplía condena, Clark Olofsson. Ellos amenazaron de muerte a los rehenes, y al pasar las horas, estos rehenes protegieron a sus captores para evitar ser  atacados por la policía. 

Llegó  incluso a afirmar una de las cautivas, que le tenía miedo a la policía, pero no a Clark ni a Jan. Otra de las rehenes,  llegó a decir que se sentiría segura viajando por todo el mundo con Jan.

Este hecho fue estudiado por el  psiquiatra Nils Bejerot, un asesor de la policía sueca durante el asalto, él acuñó el término de “síndrome de Estocolmo” para referirse a la reacción de los rehenes ante su cautiverio.

¿Cómo tratar a una persona con Síndrome de Estocolmo?

Para ayudar a una persona a desapegase de ese sentimiento  tóxico, debe ser tratada por un psicólogo, quien revivirá la situación a través de los recuerdos del hecho, ya que existe una percepción errada de la situación.

No se trata de recordar episodios de lo acontecido, el psicólogo debe lograr que el paciente recuerde de forma completa el secuestro. En ese recuerdo están inmersas las acciones buenas y las acciones malas del hecho.

El terapista logrará que la autoestima del paciente sane, eliminar los sentimientos de culpa, lograr que retome el control de su vida. Lo importante es que esta vivencia es superable y tratada.

Carmen Banca

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